En un mundo sin caminos y sin destino,
la aridez avanza sin que nada ponga límites.


En un mundo de ciegos y sin sonrisas,
el gesto agrio nadie alcanza a verlo.


En un mundo sin palabras y mucho ruido,
los sordos son héroes anónimos.


Amaneceres con brisas de crispación,
llenos de aristas hirientes en la actitud.


Amaneceres con eclipses perpetuos,
cobijando la derrota y las lágrimas.


Amaneceres sin horizonte al cual mirar,
por la neblina persistente de nuestros ojos.


Señalamos al espejo indicando que todo va mal,
sin percibir los reflejos de los rostros.


Señalamos al otro como causante, sin aportar,
sin derramar una gota de sudor por una solución.


Exigimos una solución a algo que desconocemos,
con el indice apuntando a quien fuera menester.


Exigimos vivir, mas damos la espalda a los demás,
como si la existencia fuera unipersonal.


Hemos olvidado el concepto de colaborar,
cual concepto de la capacidad de empuje.


Una capacidad que permite superar los obstáculos,
un vendaval de esfuerzo y honestidad con todos.


Quizá deseemos seguir disfrutando del placer,
la agradable sensación de ser espectador.

By Clemente

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