En ocasiones creamos círculos concéntricos,
para protegernos o quizá para ocultarnos.
Ello solo ahonda el dolor y el temor al daño,
enfatizando el lado oscuro de sueños rotos.
Quizá debamos vivir en casas sin techo,
donde la mirada sean las estrellas y la luna.
Quizá debamos vivir en lugares donde el sol,
en cada amanecer el horizonte sea infinito.
Levantarnos cada mañana con una sonrisa,
cual obsequio de nuestro espíritu liberado.
Distanciándonos de lo tóxico y los límites,
aireando el alma para saciar el corazón.
Pues en ocasiones no basta con razonar,
necesitando actuar con cada latido interior.
Despojándonos de ideas de reconducir lo estéril,
sembrando nuevas semillas que broten,
creciendo con la fértil alegría de vivir amados.
Amados por actos de generosidad y fuerza,
siendo guía propio y ajeno en senderos nuevos,
en un mundo donde la ira y el egoísmo oscurecen,
siendo capaces de crear y construir espacios,
donde el encuentro sea mutuo sin cortapisas.

By Clemente

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