Navegando en una canoa sobre el océano,
escuchando las paladas dadas con los remos.
Balanceado por las suaves olas, me adentro,
en los amanceres o quizá en los anocheceres.
Navegar bajo la luna llena y las estrellas,
como compañeras de una travesía de destino incierto.
Incierto por la inexistencia de certezas en el final,
pues casi siempre un final es un comienzo.
Cierto es escuchar el batir de las olas,
sentir la brisa en la cara o disfrutar de la luna.
Seguir el recorrido de la luna hasta encontrar,
alegrarte al ver en el horizonte el sol en el amanecer.
Convirtiendo el tránsito de los dias en un ritmo,
o un círculo que ilumina lo que piensas o sueñas.
Da igual la hora o el momento, sentir el cruce
o el momento en que nuestro ritmo acepta la vida.
Esa aceptación, de que somos parte de un todo,
un engranaje que provoca el placer de vivir.
Sentir nuestra luz cual candil iluminando las noches,
o proyectada hacia el hotizonte cual faro.
Descubrir sensaciones envolventes capaces,
de transformar latidos inesperados en alegrias.
Adentrarse en aventuras de las que emanan perspectivas,
y nos transporta a la realidad con un cuerpo nuevo.

By Clemente

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