Corres por las vías del tren,
pisoteando las hojas secas del otoño.
Ves pasar árboles teñidos de ocre,
como acompañantes de un camino.
Sientes el sudor bajar por la cara,
gotas perdidas en un suelo seco.
Buscas el destino que se vuelve esquivo,
observas como el tiempo se detiene
Aceleras pretendiendo llegar antes,
percibiendo el cansancio en la mente.
Un tropiezo provoca el dolor en el cuerpo,
las manos arañadas has detenido el impacto.
El viento del otoño revuelve las hojas secas,
un silbido suena alrededor, cual zumbido.
Las lágrimas brotan cual fuente de tristeza,
ante la desesperanza de ver alejarse el tren.
Fluyen pensamientos de derrota estéril,
como manos estrangulando el corazón.
No, no existe la derrota ni la rendición,
una caída es un espacio para la victoria.
La opción es levantarse convirtiendo el dolor,
en fortaleza y serenidad, cuyo destino es seguir.
Nada detiene a quien arriesga y vierte,
sobre la tierra la vida, como manantial de lucha.


By Clemente

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