Las cicatrices de la vida nos recuerdan el pasado,
como si fueran dentelladas de un lobo hambriento.
Las lágrimas derramadas convertidas en témpanos,
helados en el tiempo por el olvido del sufrimiento.
Un olvido deliberado para respirar la esperanza,
la brisa que nos vuelve a llenar de vida y alegría.
Vida alimentada de los mejores recuerdos y vivencias,
apreciando lo importante de cada uno de esos días.
Lo importante es levantarse cada amanecer,
volviendo a soñar con toda la intensidad del ser.
Levantar la cabeza obsequiándonos con una sonrisa,
dejando que la luz se refleje en el espejo del amanecer.
Dándonos la oportunidad de poder vivir felices,
ya que nadie merece tener que convivir con el dolor.
Dejemos volar el pasado con sus nubes oscuras,
para que podamos ver cada noche las estrellas.
Dejemos que el río de las alegrías se lleven las lágrimas,
aquellas cuyo recuerdo solo provocan heridas.
Abracemos los amaneceres cual puerta al universo,
viendo cada día como una oportunidad de encuentro,
un punto de unión del corazón con la libertad.
By Clemente