Arena fina.
Gigantes dunas.
Mar en calma.
Agua salada,
acariciando la orilla.
Una luna llena,
brilla sobre la arena.
Pies descalzos.
Pasos hundidos,
en huellas lejanas.
Pensamientos libres.
Brisa serena.
Espíritu en calma.
Momentos donde el tiempo,
no existe, solo lo sentido.
Sentir la unión con la tierra,
cual caricia de ternura.
Caricia sentado en la duna,
entre los dedos la arena,
dejando escapar.
Tumbado ante la luna,
el mar canta en susurros.
Pausa en los latidos,
donde la serenidad embelesa.
No existe la prisa ni el ruido,
solo la abstracción de la respiración.
Un lugar y un tiempo propio,
sin compartir nada,
aunque uniendo el yo.
Un yo entrelazando la existencia,
formando un todo en equilibrio.
Una conexión única e irrepetible,
capaz de levitar el alma.
Un hilo conductor de armonía,
que en ocasiones damos la espalda.
Quizá el tiempo no es el problema,
sino la no búsqueda del lugar.


By Clemente

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