Sobre la fina hierba de la pradera,
una ligera brisa la recorre sin cesar.
Una brisa fresca y renovada,
provocando el vaiven de los brotes.
Un canto a la vida resurge,
con el canto de los pájaros.
Sonidos en equilibrio expandiéndose,
cual onda alejándose hacia el horizonte.
Arboles frondosos dando sombra,
cobijo a pájaros y animales.
Cierto, la tierra se equilibra por si sola,
afrontando sus propios retos.
Creando un circulo aportando
vida pars permanecer existiendo.
Mientras, nos convertimos en espectadores,
ajenos a lo que nuestros ojos omiten.
Dando la espalda a la sabiduría,
al aprendizaje de colaborar con el equilibrio.
Pisando la hierba con los ojos cerrados,
sentiríamos el poder que se nos ofrece.
Un poder en nuestras manos,
observado con desdén y arrogancia.
Quizá una mirada de un sencillo brote,
aportaría la humildad a veces olvidada.
Su verde color nos sumerge en la esperanza,
un suspiro lleno de sabiduría natural.
La duda surge en quien alejado está,
aquellos creyentes de lo material.
Apartando de la mente el nexo,
que nos une irremediablemente.
Pisamos una tierra generosa y con futuro,
necesitada del respeto de quien la ocupa.
El error está en creernos, ser el futuro,
cual isla en un universo autosuficiente.
El poder de la tierra nos hará despertar,
aunque posiblemente será una pesadilla.
Humildad y esperanza nos esperan,
en la linea del horizonte, en cada amanecer.
De nosotros dependerá entender las señales,
caminando hacia esa linea llena de futuro.



By Clemente

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