Un grito desgarrador surge de una garganta,
el horror de una catástrofe inesperada.


Lágrimas recorriendo mejillas inocentes,
convirtiendo el dolor en angustia.


La incertidumbre recorre el aire y los corazones,
abrumando con su agrio sabor, el futuro.


Pero cuándo todo esta perdido y oscuro,
suenan pasos implacables de solidaridad.


Pasos de aquellos que viven en la empatía,
ofreciendo sus manos y su corazón, sin más.


No existiendo ruido ni sonido capaz de aplacar,
la reacción de un pueblo que jamás se rinde.


Quizá porque no somos islas, somos continente,
un todo capaz de dar un paso al frente.


De convertir los obstáculos en oportunidades,
reconstruir donde pareciera casi imposible.


Levantar el futuro sobre una tierra generosa,
siendo cómplices y conscientes de su vitalidad.


Las islas Canarias se escucharan no por su grito,
sino por el rugido de quienes siembran esperanza.


La Palma no estará sola ante el abismo,
pues todos estamos en el mismo barco,
y no permitiremos que nadie quede en el camino.


Cuando las cámaras se apaguen aquí estaremos,
transformando la oscuridad en luz universal.



By Clemente

Un pensamiento

  1. Hola Clemente.
    Esta de antemano decir que tus escrituras me fascinan. Ya lo he hecho personalmente y ahora públicamente.
    Soy, como sabes un perdido del arte, y tengo muchos amigos en distintas disciplinas. En la PANDEMIA he creado mi casa en un pequeño museo de cosas que he adquirido y otros que son regalos, ya que yo también soy pintor, y tu libro está en un lugar, con una escultura de cerámica de mi amigo Román de Galdar. Saludos y sigue haciendo lo que más te gusta.

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