Existen infinidad de colores y tonalidades,
con las que darles sentido y alegria a la vida.


Una escala de tonos de los que nos empeñamos,
insistimos en elegir los extremos, blanco o negro.


Claridad o oscuridad, sin pasar por los intermedios,
dejándonos llevar por la equidistancia del medio.


Gritamos y cantamos con los amaneceres,
y nos sumergimos en la oscuridad con las dudas.


Utilizamos el negro para esconder bajas pasiones,
y deseos infames, llenos de violencia e ira.


Recordamos el blanco, cual diana del desahogo,
dejando la transparencia y la claridad atrás.


Solo basta mirar a nuestro alrededor para vislumbrar,
y percibir como las distancias se agrandan.


Un blanco intentando ser contrapeso de la oscuridad,
ese túnel que nos succiona, con la fuerza del miedo.


Un miedo, nido de complejos que llenan la historia,
con el único objetivo de dominarnos.


Tomar conciencia de ello es el primer paso para salir,
percibir la salida y reencontrarnos con la claridad.

By Clemente

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