Hemos construido un mundo en pirámides,
coronadas por faraones modernos.


Pirámides edificadas con el esfuerzo de esclavos,
héroes anónimos olvidados con los tiempos.


Una pirámide diseñada con una base enorme,
para servir al poder omnipresente.


Un poder envejecido y con olor nauseabundo,
pestilencia emanada de sus cloacas.


Un poder cobijado en una fortaleza alejada,
distanciada de la realidad de la sociedad.


Fortaleza con los herrajes oxidados por corrupción,
un veneno que va corroyendo todo sin remisión.


Quizá lo que entristece es que nada se corrompe,
se putrefacta, sin la complicidad de los demás.


La complicidad de la sociedad es el nido perfecto,
el hogar en el que lo permisible es cotidiano.


Miramos a la cúspide de la pirámide señalando,
en realidad debiéramos señalarnos todos.

By Clemente

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