Con la complicidad de la noche brota,
una semilla frágil y delicada.
Una semilla ,rociada por la llovizna,
bebiendo de gotas diminutas.
Creciendo con la protección de una fortaleza,
piedras escarpadas de una inaccesible montaña.
Una montaña capaz de resistir la tempestad,
el frió, el calor y abrigada por la soledad.
Inicié su búsqueda a sabiendas de la dificultad,
más la belleza de aquella montaña embriagaba.
Aquella semilla había crecido erguida,
con un color intenso, como reflejo de vida.
Escalé las rocas y un rayo de luz intensa,
a modo de un fogonazo, la iluminaba.
Verde intenso, con hojas terminadas en punta,
brillando por las pequeñas gotas de agua.
Esperanza, había crecido para ser encontrada,
pero no para ser cortada y diezmada.
Inspiré y su aliento me amplió la mirada,
una forma de vivir completa y en serenidad.

By Clemente

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