Hay quienes aplauden el insulto
y la violencia sin pudor ni rubor.
Hay quienes enarbolan banderas,
cual defensa de privilegios.
Hay quienes dan pasos de quebranto,
en la creencia de ser ganadores.
Hay quienes se creen patriotas,
de un país que les pertenece, sin más.
Pero cada acción desproporcionada,
lleva implícita una sinrazón e ignorancia.
Cada insulto o desprecio muestra
y delata en si mismo que no tienen alma.
Un incapacidad manifiesta para convivir,
por una torpeza emanada de la arrogancia.
Arrogancia de creer que las historias,
se pueden reescribir o simplemente repetir.
El mundo cambia y ya nada es igual,
las líneas que se traspasan separan,
dejando al descubierto el desprecio,
el rencor engendrado por el despotismo.
Un mundo que quiere evolucionar,
que desea crecer y vivir con esperanza,
que ya no quiere guerras fratricidas.
Un mundo que cada vez se hace más pequeño,
para la vieja guardia del sentir patrio,
aquel que alineaba y marcaba en vida.
Quizá sean estos trogloditas los que sobran,
a los que hay que enseñar el camino,
la puerta de salida hacia ninguna parte.
El respeto se gana y se construye cada día,
no se obtiene por obediencia ni obligación,
además de ser una conexión de doble vía.
By Clemente