Los caminos siempre tienen encrucijadas,
puntos atemporales que nos obligan a decidir.
Cruces en los que el valor no está en seguir,
sino en aceptar guiarnos por la intuición.
Esa guía del subconsciente capaz de iluminar,
de hacernos ver y aceptar nuestro destino.
Aún así, hay quienes rehuyen del envite,
por lo que representa de incertidumbre.
Un reto ante el cual no se necesita valor,
mas si una convicción férrea del alma.
Alma cómplice de todas nuestras decisiones,
sin la cual las dudas se eternizan y alienan.
La no aceptación nos lleva a la huida,
a limitarnos intencionadamente por temor.
Los cambios son inevitables en tiempos inciertos,
son épocas de transformación, de cambios profundos,
cuya inercia es ajena a nuestros funcionamientos.
Resistirnos a ellos nos hará nadar contracorriente,
perdiendo el control de los tiempos y los hechos.
Quizá el entender en que momento vivimos,
en que lugar nos encontramos sea una oportunidad.
Una oportunidad para armonizar el interior,
con los ritmos de los tiempos y la evolución.
Evolucionar es la clave sobre la que gira todo,
la capacidad de crecer como ser humano,
y conectar con nuestro verdadero espíritu.
La vida nos propone transformaciones profundas,
cambios de paradigmas donde todo no vale.
Una visión distinta de nosotros y los demás,
en el que la aceptación ciega deja de ser válida.
Un prisma de múltiples caras donde la realización,
el encuentro con nuestra sabiduría interior,
ha dejado su papel secundario para ser protagonista.
No es un acto de valor ni de una pretendida osadía,
es el encuentro con el yo para hacerlo crecer,
manifestando quienes somos sin máscaras.
Dejando de fingir lo que los demás desean ver,
haciendo de la belleza interior una realidad nueva.
En esa realidad nueva las encrucijadas tienen sentido,
sabremos discernir y tomar las decisiones acertadas.
Encontraremos una luz interior tan intensa y cegadora,
que nuestro corazón nos impulsará a seguirla.
By Clemente