La existencia nos plantea constantemente desfacios,
poniendo a prueba nuestros límites y compromisos.
Un desafío a la capacidad de existir plenamente,
provocando preguntas y dudas a nuestra coherencia.
Esa coherencia que debe nacer del compromiso,
de la fuerza que ponemos en cada día de la vida.
Esa fuerza interior capaz de romper los límites,
de abrirnos caminos nuevos lejos de tabúes.
Límites impuestos por no querer romper cadenas,
eslabones de lo tóxico o de la soledad traicionera.
Necesitando recordar que el valor intrínseco,
no está en lo que parecemos sino en lo que somos.
Afrontar los retos requiere un deseo interior,
un armazón de latidos llenos de vida y pasión.
Pasión incontestable y aprueba de contratiempos,
que ante cualquier cambio puedan presentarse.
Los retos no esperan a las dudas ni al abatimiento,
pues los trenes pasan sin esperar a los rezagados.
Los retos no están hechos para los indecisos,
ni quienes se consideran por encima de ellos.
La arrogancia es el mayor límite que nos imponemos,
traicionando nuestra existencia al llevarnos al fracaso.
La vida en si misma es un desafio a nuestra voluntad,
al deseo de ser felices con la plenitud de los sueños,
para ello el corazón debe de ser el guía del destino.

By Clemente

Deja un comentario