Una tormenta puede ser devastadora,
dejando al descubierto nuestra fragilidad.
Convirtiendo los sueños en pesadillas,
cual torbellino de un miedo irrefrenable.
El verdadero poder está en nuestra mente,
en la capacidad de saber hacer una pausa.
Provocar un segundo de quietud inspirando,
evitando entrar en el huracán del pánico.
Ese segundo es un universo para una decisión,
un tránsito entre el derrumbe y la salvación
Un lapsus temporal capaz de poder ver la luz,
de revertir la pesadilla en un mal sueño.
La calma nos sonreirá dándonos la mano,
mostrando el camino ante la tempestad.
No existe vida posible en las ruinas del huracán,
mas si, un futuro por construir al ser capaz de huir.
Nada material nos puede atar a la tierra,
cual cadena impidiendo la capacidad de sobrevivir.
La calma, sutil brisa envolvente con aroma a rosas,
dueña del tiempo y la respiración atenuante.
La calma, reacción latente ante la adversidad,
cual rio llevando la serenidad en su interior.
No importa el abismo que debamos atravesar,
o los límites que necesitemos poder superar,
siempre habrá un momento para tener calma.

By Clemente

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