Todo crecimiento necesita unos pilares,
sobre los que cimentar nuestro universo.
Universo de armonía y equilibrio perdurable,
ajeno a la tempestad de la soberbia o el egoísmo.
No basta con desearlo, debemos ser perseverantes,
con la intensidad que nos muestra la diferencia.
Ser diferentes requiere de una gran humildad,
reconociendo quiénes y cómo somos de verdad.
Diferentes, para no dejarnos llevar por los vientos,
sucumbiendo al primer inconveniente o contrariedad.
Diferentes, mostrando nuestro pensamiento en libertad,
sin ataduras a ideas preconcebidas o grupos efímeros.
Diferentes, por ser capaces de no prejuzgar a los demás,
dando la mano al entendimiento y el encuentro.
Diferentes, en la defensa del pensamiento libre y ético,
cual herramienta del entendimiento de nuestro mundo.
Humildes, para reconocer nuestras limitaciones,
abriendo la puerta a nuevas vías para crecer.
Humildad, en el encuentro con los errores por cometer,
sin dejar que la soberbia nos encadene al pasado.
Humildad, cuando las distancias parezcan insalvables,
aprendiendo a conquistar las cimas de la discordia.
Humildad, en la defensa de la coherencia en las ideas,
en el respeto a las creencias, dando valor a la vida.
Cada universo personal tiene su propio crecimiento,
nunca existirán iguales, pues las vivencias son distintas.
No existen soluciones mágicas ni escritas cual manual,
debemos escribir con exquisita filigrana la mejor versión.
Alejándonos de tabúes y estigmas que nos limiten,
permitiendo a la razón la batuta de la partitura.

By Clemente

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