Entre espejos y laberintos,
recorremos los universos
sin observar los entornos.
Creyéndonos únicos,
seguros de nosotros
dibujando los futuros,
sin tener en cuenta a otros.
Damos pasos con la inercia
de denostar la diferencia.
En nuestro mundo no existe
espacio para lo diferente,
al no formar parte
al no estar en nuestra mente.
Un mundo unidireccional
con vías de idas
y sin vueltas.
Pensamiento único y uniforme,
donde los tonos no existen.
Apartando del camino
aquello que nos moleste,
por ser prescindible.
Una visión llena de indiferencia,
en la que la sensibilidad
desaparece de las escenas.
Nada ajeno a nuestro mundo
nos provoca zozobra,
ni sentimientos de dolor.
Así nace un país indiferente,
orgulloso de lo que vale,
donde vale lo que tienes,
cuyo destino no se define,
y es designado por elites
que dicen lo que decir,
hacer o pensar.
Quizá sientas incomodidad,
y no llegues a terminar
de leer por indiferencia,
y si has llegado
es que no eres indiferente.

By Clemente

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