En la aceptación de nuestra propia belleza,
surge al reconocer nuestras limitaciones.
Suficientemente humildes para entender,
que somos en esencia un ser en evolución.
La sabiduría no es una flor surgida en la noche,
es el recorrido y el descubrimiento propio.
Cuando ponemos en duda lo que somos,
algo se marchita en lo más profundo de nosotros.
Encontrarnos ante el espejo de nuestra alma,
es una experiencia de aprendizaje interminable.
Un viaje con un compañero que nos espera,
con la paciencia de saber cuál es su momento.
En el fondo somos una fuente de conocimiento,
una aventura por descubrir la esencia del alma.
Un alma, no como algo etéreo e inmaterial,
sino como un diamante deseando poder brillar.
Brillar solo está al alcance de quien se acepta,
quien ha convertido su existencia en un todo.
Un brillo manifestado en ojos llenos de luz,
cristalizado en un corazón amante de la vida.
Una luz capaz de trapasar universos paralelos,
fruto del encuentro con un mundo interior.

By Clemente

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