Un semilla vuela con la brisa del amanecer,
cual suspiro de vida eterna y universal.
Un suspiro que ilumina nuestros ojos,
con la alegría de ilusiones hechas realidad.
Ilusión proyectando su luz sobre caminos,
abriéndose paso hacia la conquista de la realización.
Realizar los sueños representa la culminación,
la cristalización de la conquista de lo que somos.
No existen derrotas ni conquistas sin andadura,
sin poner todo lo que tenemos en las luchas.
Lucha y perseverancia serán los bastiones,
las trincheras que nos lleven a ser felices.
No existe objeto que premie la realización,
sólo el latido del corazón lleno de pasión.
Un monje proyecta su vida sobre el espíritu,
culminando su realización con la sabiduría.
Un escritor plasma con tesón y ternura,
el trayecto hacia la consecución de su obra.
En el fondo es nuestra alma la que triunfa,
la que nos haces gritar llena de felicidad.
En el fondo es nuestra alma la que se entristece,
al sentir la derrota aunque sea temporal.
Temporal es nuestro cuerpo en este plano,
cual tránsito por un universo paralelo.
Lo que vivimos y disfrutamos si es atemporal,
traspasando los límites que consideramos normales.
Quizá el culmen es llegar a la ansiada sabiduría,
para entender el binomio de cuerpo y alma.
Un binomio donde no existe principio ni fin,
sino la transformación de la energía en vida.
By Clemente